caos mental
El caos de mi mente se traslada a mi alrededor, se plasma en mi habitación, mi supuesto refugio. Nunca había pensado que mi habitual desorden era producido por mi caos mental. Abro los cajones y veo las secciones de mi cerebro: sentimientos desordenados, sin nombre, sin reconocer o aceptar. Abro la puerta del armario y veo colgados traumas del pasado, decorando, ocupando el espacio de otras emociones que luchan por llenar su lugar. Decido tumbarme en la cama y ver una película, rodeada de un mundo patas arriba. No estoy cómoda, pero tampoco lo evito. Pasan las horas, sigo en la misma posición. El día va terminando y empiezo a sentir culpa por no hacer nada. No encuentro razones para levantarme. Intento escapar de la realidad adentrándome en mundos ajenos y ficticios. Alivian el momento, pero no arregla nada. Me sumerjo en un bucle que me asfixia. No respiro, y me dejo estar. Me permito vivir al borde, hasta que un día explote del todo. Ahí ya no habrá vuelta atrás.
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