CAFÉ INFINITO
El primer día, entre timbres y viento, lo vio sentado como un verso sin dueño. Tenia en los ojos el color del bosque, un café profundo, quieto, cálido y eterno. El no decía mucho, pero bastaba, con esa mirada de fuego sereno. Ella, sin conocerlo, se fue enamorando, como quien respira sin darce cuenta del cielo. Pasaron los años, mil noventa y cinco días, tres vueltas al mundo, risas compartidas, pequeños secretos. Y ella lo amaba con toda el alma, con ese amor terco, sin límite ni tiempo. Pero un día gris, se despidió, y se marchó, como se va el invierno. Y ella, que entonces más lo quería, no le dio un último abrazo, y se quedo abrazando tan solo un recuerdo. Ahora le llora todas las noches, con lágrimas suaves sobre su pecho. Mira viejos mensajes buscando respuestas, que solo habitan en su silencio. Le extraña en los ecos de cada jornada, en las calles, los libros, viejos cuadernos. Y aunque el no vuelve, su amor persiste, como un faro encendido enmedio del tiempo. Porque hay miradas que no se apagan, ojos café que se quedan dentro. Y ella, aun con el corazón roto, lo sigue amando,como el primer día ... si no es que más.
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