Bajo el árbol de nuez.
Hola, Carlos, te escribo aquí, bajo el árbol de nuez, donde los recuerdos se mecen al viento y mi corazón se niega a entender. Últimamente te siento distante, aunque sigues tan cerca de mí, pero sé que pronto volarás lejos, y yo me quedaré aquí. Eres lo mejor que la vida me ha dado, mi compañero más leal, y al verte empacando tus sueños, mi niña interior no deja de llorar. En la esquina de tu cama, mi yo pequeño aún espera jugar, rogando por un instante más, antes de dejarte marchar. Hermanito, te quiero tantísimo, que aunque duela, te dejo ir, cumple cada uno de tus sueños, y nunca olvides que aquí siempre estaré para ti.
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