ay...
Ay, el amor que te llena el corazón y, con razón, te crea esa sensación en cada rincón de tu imaginación, que te invade de ilusión en cada ocasión. Te genera una ambición por esa atención que lleva a la comparación de tanta contracción que puede llegar a la traición. Corre con el perdón, pero ya no suena a canción de amor en la habitación de la adicción. Solo fue una confusión aquella tentación, dices con manipulación, en donde cada oración suena como una mutilación. Él ya no está, vives con la preocupación de la situación: ¿cuál es la opción, la aceptación? Él ya no está, queda la acumulación de aflicción, la debilitación. Ya no sientes la circulación, sólo la obligación de la liberación. Queda en mí cada lección en la pulsación, dejando atrás la devastación y la desolación, buscando dentro de mí la solución.
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