Aunque no me veas
Conozco el amor… lo aprendí en casa, en el silencio de un padre que amó incluso cuando el amor se volvió ausencia. Lo vi en sus ojos cansados, en su fe inquebrantable, y sin saberlo, hice de ese amor mi camino. Y así llegaste tú… con esa risa que hace que todo lo demás parezca un susurro lejano. Tú, que caminas como si el mundo floreciera a tu paso, que no sabes el poder que tienes en una simple mirada. Y yo… yo solo soy ese amigo. El que está ahí, el que escucha, el que responde a tus mensajes aunque duela, el que sonríe mientras por dentro se rompe un poco más. El que daría todo, aunque no le pidas nada. He intentado mostrarlo, creo que lo sabes, pero aún así… tú no me ves. No como yo quisiera. Y entonces mis días se vuelven largos, vacíos, sin chispa. La vida parece una repetición gris cuando no estás cerca. A veces creo que ya debería rendirme, pero hay algo dentro de mí —terco, iluso, fiel— que todavía espera, que aún sueña con que un día me mires como yo te miro desde siempre. Necesito dejar estas palabras salir, porque el amor no dicho también duele. Y este… este es mi modo de existir contigo aunque sea desde las sombras.
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