asesina en luto
Conductas enfermizas. Ojos sin un solo pestañeo, abiertos como luna llena abre el camino. Perpleja. Sin distinguir emociones, sin saber qué pensar o hacer. Devastada. Compartiendo el final que acompaño, prestando la ayuda no pedida para conseguir su descanso, y el final de una parte mía. Rezos conjuntos por el descanso eterno, culpa constante que perseguirá mi ser. Súplicas silenciosas por alcanzar la paz que tanto ansiaba, debería haber estado callada. Ahora cargo con la eterna culpa. La culpa de ser la causante, la que tuvo la última palabra. La que decidió cuándo y dónde, sin tener derecho alguno. La que suplicó por su final. Su asesina.
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