ardiente vino tinto
Eres la llama de vino dulce que en mi pecho arde, la fiebre deliciosa que mi juicio guarda y tarde; tu piel, blanca arena, me llama, me envuelve y provoca, y esas ventanas negras de tu alma peligrosa mi temple descoloca. Cuando caminas, mi mirada cautivas, la noche misma te obedece, y este deseo por ti, que en mi pecho no decrece, se desborda eterno, suave y también ardiente, como un río enamorado que jamás se detiene en mi mente.
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