apagón vital
Procrastino mientras me apago. Mi habitación se inunda de un silencio aparentemente tranquilo. Se me dificulta el hablar; respiro por costumbre, por no evitarlo. Me rodean las jaquecas constantes. Retraso el dormir y acabo con doce horas de sueño, hundida. Sigo quedándome dormida, aunque intente evitarlo. Mi cuerpo no aguanta ni un segundo más. Nada le devuelve la vida que ya le ha sido arrebatada. Cada minuto que tengo para relajarme, mis ojos se cierran en búsqueda del descanso que no consigo hallar. Me esfuerzo por mantenerlos abiertos, me fuerzo a atender. Trato de poner interés, de esmerarme. Siempre es inútil. Mi mente y cuerpo se han puesto de acuerdo, no me permiten ejercer mis días. Pierdo momentos, pierdo personas, pierdo sentimientos. Pierdo la conciencia. Oigo los leves sonidos del viento a través de mi ventana, siento cómo el otoño toca la puerta. Oigo palabras ajenas desde la cocina, no puedo escucharlas; mi ser no me lo permite. Las luces empiezan a bajar de intensidad, mi respiración se ralentiza. Mi cuerpo se apaga lentamente, buscando alguna forma de descanso. Sin encontrar nada que le devuelva la vitalidad.
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