Antes del Amanecer
El reloj de la estación no marca horas, sino el ritmo de dos extraños que se reconocen, en el roce de un hombro dentro de un vagón o en la duda de una mirada que decide bajarse. No somos el destino, somos el trayecto; el puente donde las palabras se vuelven refugio y el miedo al amanecer se disfraza de charla, de discos escuchados en cabinas estrechas, de promesas que no necesitan ser firmadas. Si yo te sueno a Viena y yo te sueño en París, es porque habitamos ese espacio intermedio, donde el café se enfría mientras el alma se expone y el mundo se reduce a una calle que no conocemos. Mañana seremos solo un recuerdo en el espejo, una anécdota hermosa que el sol vendrá a borrar, pero esta noche, bajo el cielo de los que se pierden, somos la única verdad que vale la pena contar.
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