Alma en presidio de amor
En la penumbra de los sueños, mi alma yace cautiva. Tus ojos, amor mío, son la sentencia, tu voz, el guardián secreto que me ata con hilos de plata. Te pienso, y es como si mi corazón bombeara tu recuerdo, en cada latido invisible, envolviendo mis pensamientos, susurrándo tu imagen por cada parte de mi cuerpo. Me sorprendo preso de tu risa, y aun así, sonrío agradecido al cielo; pues qué mayor fortuna existe que estar condenado a tus labios. Soy un alma en presidio de amor, cautivo de un milagro sin cadenas, mi libertad no está en huir, sino en entregarme completo a la delicada condena de ti. E25.
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