Al son del violín
Es como si mi cabeza no dejara de gritar, un dolor agudo, como un cuchillo en mi sien a clavar. En mi cabeza dos personas parecen habitar: una cansada de solo respirar y otra que baila sin cesar. Bailan al son de un violín que muy triste ha de chillar, la danza es rápida, como un sol en la Vía Láctea ha de navegar. Esa voz en mi cabeza, veloz como un rayo, pensamientos en segundos, me cansa a diario. Es agotador, pero no se cansa, vivir con esa incertidumbre no alcanza. Me pregunto si algún día se callará, sin intentar algo que atente con mi integridad. A pesar de todo, tengo miedo de no oírla porque ella es mi única amiga. Y, si algún día el silencio me ha de abrazar mi vida y su eco, juntas danzarán.
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