Al jarrón lacrimoso.
Al alma desconsiderada que habita en profundidad. Y que canta en la arribada de su basta necesidad. Rompe en llanto cual madre ahogada en pecado. Cuya sien se cierne al alarde de quien fue derribado. No presientas lo que arribará ante tu sed de amor. Pues su lamento se ahogará en su venenoso sabor. Y no huyas del arandel donde tu cuello encarcela a tu hijo obligado a nacer entre tú fría noche en vela.
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