Adiós, definitivo.
Estoy en cuatro paredes en plena oscuridad, pensando. ¿Qué me faltó? Si di todo de mí y aún si no basto. Me arrodillé, supliqué, lloré y grité, pero no tuvo caso, su pelo negro lo había atrapado. Peleé hasta estar cansada, que mis pies ya no soportaban el peso de no ser aceptada Le di todo de mí, hasta mi alma, ¿por qué me siento como un papel arrugado? siendo descartada. “Mereces algo mejor” —habló. Quería que lo mejor fueras vos. Mis manos temblorosas, percibiendo el final. Un nudo en el pecho se empezó a aproximar y la pregunta que atormentaba mi cabeza —¿Me perdés para siempre? Salió sin pensar Cada segundo pasaba y la respiración se entrecortaba para recibir la respuesta más esperada: “Si”
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