A la hora dorada
Cuando el sol se despide del día, y pinta de fuego la lejanía, me siento en silencio a contemplar, el arte del cielo, su forma de amar. Las nubes se visten de tonos dorados, rosas, naranjas y morados callados, y el viento susurra secretos antiguos, como si el mundo olvidara sus ruidos. No hay prisa, no hay meta, ni razón, solo el latido tranquilo del corazón. El alma se limpia, respira y florece, cuando el sol baja… y el día adormece.
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