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¡ Dime que eres tu hombre de oro y plata! tus sueños eran pajaros de nata apoyados en ramas de canela y cubiertos de sabanas blancas. Dime que eres tu y tu voz aterciopelada que ni mis oidos pueden oirte ni mis manos pueden tocarla desde que te perdiste con tu mirada ni mi pecho siente el frio ni el calor del sol siente mi cara. Y ahora que me mezco sola y vaga entre los chirridos de una vieja puerta y las rugidos de la madera rajada he vuelto a sentir el frio de la mañana siendo de noche profunda el día y siendo de tormenta la calma.
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