15 minutos
Qué difícil, ya me canso, esta clase es un retraso, saco el cel a escondidas solo pa’ mirar el paso. Faltan quince, ocho quince, ya casi se va el fracaso, no me importa la lección, ni lo que dicen del pasado. Ni Porfirio ni Juárez logran tenerme en su trazo, porque giro la mirada… y tú ocupas todo el cuadro. Tu cabello ya crecido desde aquel último recorte, y tus dedos se enredan como ideas sin soporte. Una mano en tu cabello, la otra oculta en el borde, con el cel mal escondido como si nadie lo note. Y te miro sin medida, como si fuera un desborde, recordando que hace meses yo fui quien puso el “no” en orden. Suena el timbre de golpe, se rompe todo el transporte, y me quedo pensando: “¿te miré más de lo acorde?” “¿Salimos?” dice mi amiga, pero apenas le doy soporte, respondo sin pensarlo porque hacia ti voy directo. Camino hasta tu pupitre, con el pulso dando un golpe, y te digo casi en duda: “¿salimos?”… sin esconderme. Tú me miras y sonríes, tan tranquilo, tan conforme, dices “voy” sin complicarte lo que a mí ya me desborde. Y me pierdo en la pregunta que no deja de imponerse: ¿cómo ahora me gustas tanto si antes no supe quererte? Dos años siendo amigos, y el tiempo vino a torcerse, cuando tú esta
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